GRADO 9°
MAYO 12: SOCIALIZAR EN CLASE
Educación hoy: valores y convivencia
Artículos de opinión (Op-ed)Por Andrés Buschiazzo - ene 21,
2015
Las personas tienen experiencias, crecen y aprenden. De esa
singular experiencia surgen ciertas guías para el comportamiento social. Estas
pautas dan una dirección a la vida y se las denomina “valores”. Del hecho de
que los valores emerjan de la experiencia, se infiere su transitoriedad, y
están determinados por la cultura donde el individuo se desarrolla como ser
social.
En el presente artículo
abordamos los valores éticos a diferencia de los estéticos.
El término “valor” es un término polisémico, que se
encuentra presente invariablemente en todas las sociedades, factible de
que su sentido sea descontextualizado, debido a los significados
existentes.
Los valores proporcionan al hombre un sentido en su vida
Es pertinente, con el objetivo de esclarecer el término,
hacer referencia al “Diccionario de Filosofía” de José Ferrater Mora. A
propósito, el constructo es abordado desde un punto de vista de la filosofía
general, como:
¨Concepto capital en la llamada teoría de los valores, y
también axiología y estimativa. Característico de esta teoría es
que no solamente se usa el concepto de valor, sino que se procede a reflexionar
sobre el mismo y a determinar la naturaleza y carácter del valor y de los
llamados juicios de valor. Esto distingue la teoría de los valores de un
sistema cualquiera de juicios de valor. Semejantes sistemas son muy anteriores
a la teoría de los valores, ya que muchas doctrinas filosóficas, desde la
Antigüedad, contienen juicios de valor (…) No cabe confundir en ningún caso la
teoría pura de los valores con un sistema de preferencias estimativas; la
teoría pura de los valores o axiología pura es paralela en gran medida a la
lógica pura” (p.364).
Hay diversas posturas sobre el carácter absoluto o relativo
de los valores. Al respecto, Ferrater Mora señala que se encuentran, “los que
han tomado como punto de partida para una axiología la determinación del valor
como algo reductible esencialmente a la valoración realizada por los sujetos
humanos, o como algo situado en una esfera ontológica y aun metafísica
independiente” (p.365). Consecuentemente
le atribuye las siguientes características, a saber: 1. El valer; 2.
Objetividad; 3. No independencia; 4. Polaridad; 5. Cualidad y 6. Jerarquía.
La axiología no puede desvincularse del subjetivismo.
Aunque pretendiéramos conciliar el carácter “absoluto” y el “relativo” de los
valores, afirmamos que los valores son recibidos por nosotros como productos de
la historia que las generaciones pasadas nos han legado, a través de las
primeras comunicaciones con los adultos, la cultura escolar, en los libros y en
la religión.
En estos valores preexistentes a toda conciencia inexperta
que los recibe crédulamente, radica lo que algunos autores llaman la única
condición “objetiva” de los valores, pero no se puede negar que los más altos
valores (tales como: justicia, verdad, caridad,) tienen una historia individual
y que seguirá el proceso de crecimiento, rectificación y consolidación de su
esencia por medio de los derroteros de la
cultura.
De este modo, los valores son plásticas creaciones del humano
que se imponen como desde fuera de la conciencia individual, pero que viven
expuestos a la experimentación. Viendo la realidad más concretamente, podemos
afirmar que participamos de una sociedad de valores cristianos, pero sólo de
nombre, no en su esencia. Eso se conoce por los frutos, si es dable parafrasear
los Evangelios.
El hombre descubre que la totalidad de su vida está dominada
por un primer “aliento” axiológico, y simultáneamente comprende que la
filosofía es una radiografía de esa vida, con raíces biológicas y con los ojos
puestos en los diversos planos estimativos que se proyectan en la existencia y
construyen la realidad circundante. Los problemas de los valores, de la
valoración y de las jerarquías son cuestiones de existencia, de experiencia.
La axiología ha universalizado los problemas de la filosofía poniendo en
manos de cada hombre un instrumento de penetración inmediata en el ámbito de la
vida cotidiana. Aquí nos encontramos en un tránsito que va desde los valores,
en cuanto tales, a las reglas de urbanidad en perpetuo cambio. Es tan evidente
esta situación que hay maestros que enseñan que existen tres palabras mágicas:
“con permiso”, “gracias” y “disculpe”. Esto regula la convivencia civilizada
y/o pacífica que debemos reaprender cada día.
Participamos de una
sociedad de valores cristianos, pero sólo de nombre, no en su esencia
La “axiología” no tiene como función dar un sistema rígido de
valores sino promover en cada sujeto una particular reorganización de la
conducta sobre el cimiento de sus propias vivencias.
La vivencia axiológica supone madurez, que en la vida
escolar, sólo el maestro es capaz de usar. La pedagogía de los valores,
fundamental en todos los educadores y psicólogos en el ámbito educativo, es un
llamado a dignificar al hombre en relación a la comunidad.
La escuela sin paredes representada por Sócrates, “el maestro
sin título y sin programa”, por la sencilla razón de que pretendía enseñarlo
todo, por lo menos todo lo que importa (Gusdorf), es a la que referimos, que no
es otra cosa que la convivencia social.
El pedir permiso para no atropellar a otros, el respeto y tolerancia por
la diversidad, y la ineludible gratitud que nos acerca a la felicidad. Así es
como Adler habló de la lógica para la convivencia humana. El sentimiento de
comunidad “como si”, en términos de Vaihinger, una “verdad absoluta” no es otra
cosa que el amor desinteresado y asexuado por el bien común (Gr. = ágape). En
otras palabras, uno es capaz de realizarse cuando ayuda a otro. Y con Dreikurs afirmamos que: “es
posible cambiar nuestras vidas y las de quienes nos rodean, simplemente cambiándonos
a nosotros mismos”.
En sociedades hiper pobladas es más frecuente entrar en
colisión con otros, hay más grupos sociales y más medios de comunicación pero,
por los relatos en la clínica, las personas están más solas: “me siento solo”,
“la soledad en el matrimonio” y otro más frecuente “tengo muchos amigos para
salir pero me encuentro solo dentro del grupo”. La violencia y la indiferencia
son signos de la sociedad actual, son formas de no respetar al otro.
Recordemos la metáfora que tomó prestada Freud de
Schopenhauer, la del puercoespín. Freud acude a ella para significar que dos
cuerpos deben estar a una “distancia óptima” para no pincharse ni morir de
frío. La irritabilidad grupal hace que
nos enfrentemos a la vertiginosidad del consumismo, impresiona cómo en el “black friday” (que ya
se ha importado e impostado en otras partes del mundo). En estos lugares
atestados de gente son más factibles las fricciones sociales porque no se da
esa “distancia óptima” a la que refería Freud.
La falta de sentido de la vida hace que nos movamos hacia
cosas materiales y efímeras creyendo en la ilusión de llenarnos de aquello que
nos falta. Esta forma de relacionarse con el mundo es una constante, y se ha
transformado en un círculo vicioso. Los adelantos científicos y tecnológicos no
van acompasados de una maduración emocional.
¿Qué sucede?
Una posible explicación es la ideología dominante que algunos
autores han llamado la era del “hombre light”,
donde priman los valores del triunfador (“winner vs loser”), del
individualismo y la relaciones desechables (Rojas, 1992). El compromiso y el
respeto por el encuentro con un amigo son algo infrecuente y el tiempo del otro
no vale.
La falta de sentido de la vida hace que nos movamos hacia
cosas materiales y efímeras
Recordemos el diálogo entre el zorro y el principito que nos
enseñan cómo se debe cultivar la amistad:
–¡Por favor… domestícame! –dijo el zorro.
–Bien lo quisiera –respondió el principito –, pero no tengo
mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.
–Sólo se conocen las cosas que se domestican, dijo el zorro.
Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas en los
mercaderes. Pero como no existen mercaderes de amigos, los hombres ya no tienen
amigos. Si quieres un amigo, ¡domestícame!
–Hay que ser muy paciente –respondió el zorro –.Te sentarás
al principio un poco lejos de mí, así, en la hierba. Te miraré de reojo y no
dirás nada. La palabra es fuente de malentendidos. Pero, cada día, podrás
sentarte un poco más cerca…(Saint-Exupéry: 69)
Cicerón advertía que lo esencial para sostener una existencia
con orden eran el respeto a uno mismo y a los demás, buscando la trascendencia.
Los valores pasan por el filtro de la psicología, la
Psicología Individual (PI) se caracteriza por su modelo axiológico, porque uno
de sus principales postulados es el “sentimiento de comunidad”, que es un valor
(Hazán & Titze, 2011). Se entiende por “sentimiento de comunidad” la tendencia afectivo/cognitiva básica del
hombre a orientar su conducta hacia la convivencia, la cooperación y la
realización de las exigencias sociales en sus cinco tareas fundamentales
(amor/trabajo/relaciones interpersonales/arte/trascendencia). Adler afirma que
“ningún hombre puede desarrollarse sin el cultivo y la suficiente actividad del
sentimiento de comunidad”.
¨Sólo se conocen las
cosas que se domestican¨, dijo el zorro
ACTIVIDAD ENTREGADA PARA REVISIÓN PARA EL DÍA 12 DE MAYO
- Consultar en el diccionario las palabras subrayadas
y hacer oraciones con ellas relacionadas al diario vivir.
- Hacer un análisis crítico del artículo y
desarrollarlo en tu cuaderno.
- Consultar el pensamiento filosófico de los pensadores
que aparecen relacionados en el artículo
- Porque los valores le proporcionan al hombre un sentido en su vida.
- Cual
fue el mensaje dejado en el diálogo
entre el zorro y el principito.
- Cual
sería tu cuestionamiento ante la siguiente expresión ¨Sólo se conocen las cosas que se domestican¨, dijo el zorro.